viernes, 22 de abril de 2011

Triste Verdad

Triste verdad

No, no es que me sienta sola, es que lo estoy. Siempre he tenido la gran incertidumbre de que va a ser de mi mañana, pero hoy no hay mañana. Mañana se convierte en una pregunta muy lejana a la hora de prescindir de lo real, la verdad.

Los muebles me hablan del paso del tiempo. Las fotos de los bellos recuerdos. Los viejos tiempos me resultan tormentosos. A decir verdad, los extraño. Extraño el tiempo en que la casa estaba llena de gente que sonreía a mí paso, que necesitaban de mí, que intentaban de todo para mantenerse a mi lado. Tiempos en los cuales era bella y tenía mucho dinero.

Pero hoy no, hoy no hay nada.

Creí no necesitar a nadie, Creí que todos se encontraban a mi lado por interés, y claro que lo era.

Cuando perdí todo. La rutina formo parte de mi vida cotidiana Poco a poco la soledad se fue haciendo más y más pesada en mi espalda. El pelo se me tiño del color de lo antiguo. Mi piel, mi bella piel, estaba llena de grietas que el maquillaje ya no ocultaba. Con el correr de los años mi cuerpo fue tomando una curvatura indeseable.

Hoy, me he dado cuenta que soy pobre, que no tengo nada, que todo lo que tuve se fue en conjunto con el tiempo. Que los amigos estarían solo de forma esporádica, que la familia sí olvida, que el silencio no es tranquilidad si no tristeza, que las palabras son compañía, que los besos y abrazos se pagan, que la preocupación no existe, que el mañana no existe, que la vejes es sinónimo de crueldad, y que lo realmente deseable es la hora de morir.


Romina Elizabeth

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