jueves, 10 de marzo de 2011

Bella

Bella

Yo siempre quise ser igual a esas mujeres que muestran por la televisión. Cuerpos bien formados, nada de grasa, una linda sonrisa, pómulos resaltantes, una muy pequeña cintura y sobre todo mucho que decir.

-“Mamá déjame tranquila” y cerré la puerta de un fuerte golpe.

Mi madre es una mujer con baja autoestima, obesa, gorda. Se podría decir que hasta en la grasa le sobra grasa. Por eso mi padre no la quiere, estoy segura. ¿Quién querría aun tipo de mujer con ese grosor? , son mucho más interesantes esas mujeres con las cuales tanto le gusta conversar. El pasa todo el día en su oficina, es ingeniero comercial, tiene una sonrisa realmente encantadora, es muy delgado y totalmente distinguido, se viste realmente elegante y gracias a él mi mama tiene tanto como quiera comer, pero no es culpa de él que sea obesa. Mi madre indudablemente no se sabe controlar .Mi padre podría tener a la mujer que desea, a cualquiera.

Una vez lo escuché en su escritorio conversando con una mujer, a quien a juzgar por su voz tiene que haber sido maravillosa, y claro que lo era. Logre abrir un poco la puerta para espiar, era alta delgada y muy linda. Estaba arriba del escritorio de mi papá, recostada, y mi padre se reía y se subía en ella.

-“Anastasia”, grita mi mamá. No pude ver más.

Otra vez quiere que coma, no entiende que no quiero ser obesa como ella.

Esa tarde toda la comida que entro en mi boca, termino en el escosado.

“No quiero nada que contenga grasa, No quiero comer nada, No quiero ser gorda.”

Aquella noche no dormí, había un pensamiento que no me dejaba tranquila. “no puedo seguir ingiriendo alimento alguno”

Decidí que lo único que me serviría para adelgazar y volverme bella, sería vomitar después de cada comida.

Y así fue.

Dos meses más tarde seguía gorda, no entendía, ya el vomitar no servía. Me miraba en el espejo y lloraba al ver mi cuerpo asqueroso, en el reflejo solo veía un indudable parecido a mi madre.

Deje de comer

Mi madre me grita que coma, pero sabe que no logrará nada. Con respecto a mi padre seguía involucrándose cada vez más con aquella mujer que había visto en su escritorio. Mi madre sabia. No hizo nada.

Un mes más. Caí al hospital. Anorexia.

Cuando nadie me veía, quitaba los conductos de alimentación que tenía en mis venas.

No quiero ser gorda.

Días Más tarde, en realidad no sé cuantos.

La sicóloga, Para este tiempo sé que mi madre la necesitaba mucho más que yo, me dijo que debía ordenar mis ideas .Yo tenía mis ideas claras, y la primordial era bajar de peso para ser bella.

Unos cuantos días más tarde…

…Me sentía muy débil, apenas podía abrir los ojos.la sicóloga llego más temprano. Notaba una atmosfera de preocupación, más de la usual. A modo de terapia o lo que quisiera lograr . La sicóloga saco un hermoso espejo de su bolso, tenía un marco de flores doradas. Dijo “Reconócete” .La miré, y acerco el espejo a mi rostro. Mi corazón dejo de latir , me encontraba en un estado el cual no me permitía respirar , estaba atónita , analizándome.

En que me había convertido.

Dientes amarillos, desgastados. Piel desteñida .Ojos salidos de sus orbitas , envueltos en ojeras. Mejillas hundidas, pómulos salidos.

Me he convertido en un monstro.

Le pedí a todos que se fueran, les dije que necesitaba descansar. Al mirar a mi madre salir de la habitación la angustia se apodero de mi comencé a llorar. Miré la aguja por la cual me alimentaban, la saque de su lugar, no tenía mucha energía, tenía que hacerlo rápido. Con aquella aguja corte lo único que aun tenía vida en mí, mis venas. Con respecto al dolor ya no sentía nada. Cerré los ojos. Y no escuché nada más.

Yo solo quería ser bella, y ahora no tenía absolutamente nada que decir.


Autora Romina Elizabeth Duarte Yañez